domingo, 5 de septiembre de 2010

Confesiones

Soy abogado, amo mi profesión, trabajo duro en ella, sin embargo dedico largos ratos a otras cosas que me llenan más que el Derecho. Quisiera escribir una canción y que mi mejor amigo le hiciera los arreglos musicales, me han dicho que tengo alma de poeta, aunque yo mismo no termino de encontrarla. Paso por tonto por querer ser bueno, intentan aprovecharse de mi generosidad, yo nací de noche pero no anoche, y me doy cuenta de esas intenciones.

Vivo ofreciendo consejos que muchas veces no aplico en mi vida, he sido llamado “Pepe Grillo” por ser la pequeña voz de mucha gente, pero al parecer mis oídos son sordos a lo que otros escuchan atentamente. Me cuesta mucho decir que no, me comprometo en cosas que no estoy seguro que podré lograr sólo porque me da pena negarme.

Para enamoradizo, YO. Me ilusiono con facilidad y por lo tanto me desilusiono con bastante frecuencia. Soy tomado por pretencioso y egocéntrico por piropearme a mí mismo, la verdad es que nadie tiene por qué hacerlo por ti, por eso el que no tiene quien lo mesa, saca su patica y se empuja.

No soy exigente, evito los problemas y trato de resolver todo hablando. Odio la violencia en cualquier escenario de la vida real. En mis 26 años no he lanzado mi primer golpe, espero seguir con este record muchísimos años más.

Mi chocolate favorito es el rikiti, pero no por eso desprecio los demás. Soy dulcero por naturaleza y no me preocupo por la cantidad de glucosa que le inyecto a mi organismo, aún sabiendo que la diabetes siempre ha rodeado mi vida. Mis papas siempre me han dicho “ten cuidado con el dulce, esta familia tiene la diabetes detrás de la oreja”.

Prefiero una Pepsi antes de una Coca-Cola, sólo el Ron debe servirse siempre con Coca-Cola. Remuevo el whisky con el índice y al terminar me chupo el dedo, forma parte de la idiosincrasia venezolana, está en nuestros genes, es inevitable y yo soy un venezolano más.

Trato de ser gracioso todo el tiempo, no llego a ser payaso, pero siempre busco hacer reír a la gente con comparaciones exageradas, refranes y dichos poco usuales, algunos propios, otros prestados, pero siempre buscando hacer sonreír.

Mi color favorito es el naranja, no hay razones específicas que me inclinen a preferirlo, simplemente es así. Prefiero un jean antes de un pantalón de vestir, una chemise a una franela y solo la llevo por dentro en la parte delantera del pantalón. Desde hace un tiempo se me está cayendo el pelo, forma parte de ese tipo de herencias que no puedes rechazar.

Me gusta la música en general, exceptuando el vallenato y la música del estilo de Kenny G. Canto cuando estoy solo y me niego cada vez que mi madre me pide que lo haga en las reuniones familiares por miedo a que algún gallo desaforado me haga quedar en ridículo. Me encanta bailar pero mi timidez no me deja sacar a bailar a una desconocida en una fiesta.

Como de todo, he sido buen diente desde pequeño, tal vez eso explique un poco mi figura redondeada. El tomate me produce “alergia” desde pequeño, ha sido la mejor manera de evitarlo, pues es de las pocas cosas a las que me niego. Me inclino más hacia la comida asiática, pero disfruto cualquier plato bien sazonado. Cocino bien, estoy completamente seguro que de hambre no moriré pues tengo ingenio dentro de la cocina.

Lavo, barro y paso coleto. Somos cinco hijos y muchos fines de semana de mi vida eran “días de limpieza” junto con mi madre y mis hermanos. He trabajado desde los 10 años y estoy siempre dispuesto a ayudar, con un “voy” o “ya va” de por medio en la mayoría de los casos, pero como los Scouts, siempre listo.

Amo a las mujeres por lo que son, no por como lucen o lo que tienen. Tengo preferencia por algunas, como todos, pero a todas las trato y las quiero por igual. Me desarma un perfume entre dulce y cítrico, una pollina que oculte parcialmente la cara, una voz dulce y una sonrisa siempre presente. Realmente valoro más lo que tenga por dentro, pues más vale el regalo que la envoltura, sin embargo tengo mis estándares. Gozo de la compañía de más amigas que amigos, pero los amigos que tengo son incondicionales. Mi familia siempre va primero que cualquier otra cosa, no sería nada de lo que soy sin ellos. Soy padre de la niña más hermosa del mundo y no lo digo sólo por adornar estas líneas, mi hija es preciosísima y súper coqueta. Estefanía Isabella es la mujer de mi vida, vivo por y para ella, la amo con locura, jamás había sentido algo tan profundo como esto.

Cuento con una memoria bastante extensa, suelo recordar las cosas con todos los detalles posibles, lo que muchas veces desespera a quién me escucha. Memorizo números completamente triviales como placas de carros, números telefónicos viejos, números de cédula y tengo la facilidad de aprenderme la letra de infinidad de canciones, siempre y cuando sean en español.

El futbol es mi deporte favorito, más para verlo que para jugarlo, soy un comentarista frustrado aunque odio hablar durante los partidos. Los quince minutos del entretiempo son suficientes para los comentarios pertinentes a la primera parte. Tiendo a seguir el ejemplo de mi papá y en ciertas ocasiones le grito al televisor cual es el jugador que está desmarcado para recibir el pase-gol. El Real Madrid es el club de mis amores, sufro tanto o más que cualquier madrileño que se acerca a Chamartín todos los fines de semana. Mis planes de los sábados o domingos, dependiendo de cuando jueguen, deben estar atados al horario del partido del Club Merengue.

Soy tímido por naturaleza y con una mujer que me gusta más aún. Me bloqueo y tiendo a ser un poco torpe, lo que evidentemente no ayuda para nada. Odio que me saquen la sangre, se supone que debe estar dentro del cuerpo, no tiene por qué salir de allí. A pesar de no ser el mejor amigo de las agujas, no tengo problemas con las inyecciones, pues cuento en mi familia con uno de los mejores anestesiólogos del país, estoy siempre en buenas manos.

Soy sentimental, lloro con facilidad cuando la ocasión lo amerita, no puedo retenerlo por más que lo intento. Mi pulso es igual o peor al de un octogenario, la gente tiende a pensar que son los nervios –bueno, también soy nervioso– pero nada tiene que ver, que puede llegar a ser insoportable, sí, pero es algo que no domino. Hablo mucho, me cuesta mantenerme callado, disfruto conversar con quién tenga cerca, del tema que sea.

Estoy satisfecho con mi vida, ciertamente hay cosas que mejorar, pero si dejara de vivir en este preciso instante –Dios quiera que no– estaría orgulloso de todo lo que he hecho, feliz por haber conocido a todas las personas que de una u otra forma han influido en mi vida, tranquilo porque sé que siempre he dado lo mejor de mí, complacido al recordar que he amado con todo mi ser cada vez que me tocó hacerlo y agradecido con El Jefe por la familia que me asignó. Para terminar, debo confesar que le temo más a la vida que a la muerte, pues de ésta sé qué es lo que debo esperar.